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México DF, Antarctica
escribana que estudió periodismo, ama el rock y sus músicas aledañas, así como la poesía y las relaciones tormentosas
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marzo 20, 2016

Los Premios Grammy 2016: la debacle sin fin


RUTA SONORA
como lo vio publicado en La Jornada

Los Premios Grammy 2016:
debacle sin fin

 

Lady Gaga en su ofensivo "homenaje" a David Bowie
La noche del lunes 15 de febrero, después de la ceremonia de entrega número 58 de los premios Grammy 2016, auspiciada por la Academia de Grabaciones estadounidense, le fue impedida la entrada a una de las fiestas posteriores (organizada en el bar Argyle en la ciudad de Los Angeles por el rapero Tyga) al ex Beatle Paul McCartney, al cantautor y productor Beck y al baterista de los Foo Fighters, Taylor Hawkins. Tras dos intentos, estos relevantes músicos (sobre todo el primero), fueron excluidos. Optaron por retirarse. Todo ello fue captado en video por el canal de espectáculos TMZ. Más allá del chisme, la anécdota es una atinada metáfora de lo que ocurre con esa farsa disfrazada de reconocimientos musicales: en los Grammy, el verdadero talento artístico queda fuera, mientras el bluff, la superficialidad, la vanidad, el vacío, la imagen, se imponen con descaro.



Taylor Swift. Artistas prefabricados
Como ha expuesto este espacio en años previos, estas entregas de la industria fonográfica son un timo que si bien premia altas ventas reales, es una trampa, pues lo que más vende no es lo de mayor calidad, sino aquello en lo cual se invirtió más dinero promocional (payola, sincronizaciones) para que suene hasta en la sopa y se conviertan en un hit. “Gana” lo más expuesto; se recupera la inversión con altas ganancias. Idéntico a como opera la venta de un jabón, un refresco, una fritura. “Música-machote” que cada año se diseña y planea, no desde las vivencias de sus intérpretes, sino desde escritorios corporativos.


En el último lustro, la debacle de la industria musical pop ha sido estrepitosa (cosa que no ocurre con la música rock y pop de calidad, mal llamada “independiente” por estar fuera de las caducas transnacionales, siendo que hoy día es mayor en número y la que llena festivales). Lo que hoy pasa con estos productos de escucha masiva (que con estos premios y sobre-exposición confunden a millones y le hacen creer que los representa), fue bien descrito en Hollywood Reporter  hace tres años por Tony Visconti, productor vitalicio de David Bowie: “Hoy todo suena como si estuviera hecho por una misma persona. Todo computarizado. El ‘estilo’ y sonido de los álbumes son intercambiables. Podría tratarse del mismo equipo de producción, el (la) mismo cantante. Todo está auto-tuneado (afinado digitalmente); las canciones suenan endebles. Todo recae en el ritmo, más que en letras de calidad. Cuando un grupo llega a su mejor nivel, está emulando algo bueno de los años 70; cuando está en su peor nivel, hace hip-hop y R&B de corte-y-pegado, deslavado. ¡Todo es tan blando!”


Hollywood Vampires
Y bastó ver la ceremonia del lunes para constatarlo: soporíferos actos de baladistas maquilados en serie, sin estilo, sin personalidad; melodías básicas y obvias cual jingles. Pseudo-artistas sin garra, sin nada qué decir. Tan mala fortuna tuvo la noche, que hasta la cantante británica Adelle, de los pocos talentos pop reales, desafinó. Tan bajo el nivel, que hasta la actuación de Justin Beiber con los productores de electrónica Skrillex y Diplo sonó aventurada. Tan obtuso todo, que se invirtió mucho tiempo en un tributo al olvidable Lionel Richie (¿?). Un respiro llegó al final con el homenaje al fallecido Lemmy ejecutado por Alice Cooper, Johnny Depp y Joe Perry (Hollywood Vampires).


Y cuando pensábamos que no podía caer más bajo, los Grammy sorprendieron con algo aun peor: el sacrilegio cometido por esa cosa infumable y cretina, vacua y sin sustento artístico alguno, llamado Lady Gaga, quien intentó en escena rendir honor al citado icono David Bowie, fallecido en enero pasado, de una manera tan fútil y horrorosa, que resultó ser más una burla que un homenaje. El hijo de Bowie, Duncan Jones, la describiría en Twitter como: “sobre-excitada e irracional, típico resultado de un capricho o entusiasmo excesivo, mentalmente confundida”. La culpa del oprobio no sólo se atribuye a ella, sino a quienes permitieron tal afrenta caricaturesca, demostrando así gran ignorancia y nulo respeto hacia la creación genuina.


Alabama Shakes
Para beneplácito de quienes amamos la música, hubo reconocimientos dignos, como los otorgados a Alabama Shakes (mejor disco alternativo, mejor canción de rock, mejor actuación en vivo). A nivel pop, estuvo correcto reconocer al productor inglés Mark Ronson (grabación del año). En hip hop, no estuvo mal premiar a Kendrick Lamar, aunque sí acaparador: se llevó todo lo de rap (mejor álbum, mejor actuación, mejor canción, mejor colaboración). Y para México, buenas noticias: Natalia Lafourcade ganó mejor disco rock, alternativo o urbano con Hasta la Raíz. El baterista de jazz Antonio Sánchez ganó con la mejor pista original para un filme, no clásico, por Birdman. Los Tigres del Norte merecieron mejor disco de música regional mexicana por Realidades.




Preseas que darán aun más impulso a estos talentos, pero que desgraciadamente se trata de alegrías escasas en medio de un panorama triste. Patadas de ahogado de una industria a nada de fenecer.







enero 15, 2016

DAVID BOWIE: de vuelta a las estrellas (in memoriam).

porque el espacio en el papel nunca es suficiente...
las RECOMENDACIONES de la
RUTA SONORA
enero 15 a 21



DAVID BOWIE: 
de vuelta a las estrellas
(in memoriam)

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David Bowie

“Mira acá arriba, estoy en el Cielo. Tengo cicatrices que no se ven… Mira acá arriba, estoy en peligro. Ya no tengo nada que perder... Ahora de una u otra forma seré libre, como ese pájaro azul… o sólo como yo, sólo como yo”. Así cantó David Bowie en Lazarus, segundo sencillo de Blackstar, su álbum número 25, publicado el 8 de enero pasado (mismo día en que cumplió 69 años) cual mensaje cifrado, antes de su tristísima y sorpresiva muerte por cáncer, ocurrida sólo dos días después. Estábamos tan contentos por un regreso musical tan profundo y brillante, que no nos dimos cuenta de que en realidad nos decía adiós. Testamento bromista e inquietante: insinúa que como el personaje bíblico, resucitará.

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Fotograma del video Lazarus
En el video de esa canción (dirigido por Johan Renck), se le ve a sí mismo vendado, en una cama de hospital, con dos botones a modo de ojos, levitar sobre la cama mientras grita sendos versos. A la vez, interpreta otro personaje que robótico se introduce en un armario de madera. Si el video ya es desconcertante, frente a su muerte causa calosfrío. Pues azora notar que Bowie preparó su muerte de forma elegante, artística, poética. Tal y como en vida, lo hizo teatralmente, con la música y los cuestionamientos existenciales al frente, sin hacer de su enfermedad un drama (tuvo en secreto que durante 18 meses luchó contra el cáncer, por el cual falleció). Quiso irse a lo grande con un álbum intenso, una rúbrica digna, lejos de amarillismo alguno. La obra, el personaje, antes que la persona. De nuevo, tal y como actuó en vida.

Toda esta claridad postrera aparece en lo declarado por dos de sus más queridos cómplices: el productor Tony Visconti y el músico Brian Eno. “Su muerte no fue muy diferente a su vida: una obra de arte. Hizo Blackstar para todos nosotros; es su regalo de despedida. Durante un año supe cómo iba a ser esto. Aun así, no estuve preparado. Fue un hombre extraordinario, lleno de amor, de vida”, indicó Visconti, su brazo derecho tras consolas por décadas. Por su parte, Eno reveló haber recibido un correo electrónico de Bowie siete días antes de su partida, para proponerle trabajaran en una posible secuela al disco Outside (1995), el último en que grabaron juntos. Sin embargo, cerraba: “Gracias por nuestros buenos tiempos, nunca se marchitarán”, y firmó como Dawn (amanecer). “Ahora entiendo que me decía adiós”, expresó el músico.

Te escuchamos, Major Tom

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Inaugurando el glam
El inglés David Robert Jones (1947-2016), mejor conocido como David Bowie, fue una de las luminarias más relevantes, originales e influyentes de la música popular del siglo XX, a la altura de Bob Dylan y John Lennon. Más que un mero rockstar, un artista completo; un actor innato que además de ejercer en filmes y obras teatrales, escribió canciones para llevar más lejos sus puestas en escena interestelares. Un visionario que estudió para mimo y a la larga tuvo muy claro el uso de la máscara como arma para develar los misterios del universo. Si bien la prensa le llamó “camaleón” (por creer que adoptaba cada sonido en boga), es un apelativo que nunca asumió, pues para el creador es natural que el arte implique mutación, movimiento, imaginación. 

Bowie se forjó en una época en que el pop-art tenía una voz fuerte y podía incidir masivamente. Y quizá su mayor aportación es el equilibrio que logró entre el rock y el pop, que parecían separarse: elevó el pop a una categoría avant garde, sin dejar de ser rocanrol, así llevara soul, jazz o pasajes electrónicos (su tremenda trilogía berlinesa con Visconti e Eno: Low, Heroes y Lodger). Fue siempre rocanrol por ser provocador: sin panfletos, lo suyo era la ruptura. Cuestionó absurdos sociales, desafió estereotipos de género, siempre con desenfado; lúdico, irónico, aun con melancolía.

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Sobrio, elegante, enigmático y experimental en la 2ª mitad de los años 70
Bowie parecía viajar al futuro y volver, pues en realidad se adelantaba a la moda, marcaba pautas, generando su propia galaxia, lejos del cliché, sobre todo de 1969 a 1979, sus más brillantes años creativos. Influido por Syd Barrett y Scott Walker, con personajes y motivos espaciales, redefinió caminos y fue una pieza clave, amable y viajera, alterna, única, para la transición de los 60 a los 80, aunque su incansable trabajo hasta hoy día siguió ofreciendo geniales destellos. Siempre experimentando, tuvo gran intuición para elegir a los productores correctos (y para apadrinar a Lou Reed e Iggy Pop), a quienes instaba a ser parte de su mundo de exigencia y finura.

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Su última sesión en vida // Foto: Jimmy King

No se le extrañará del todo, pues su vasta obra queda, pero se añora lo que pudo dejarnos, quizá por diez años más. Ziggy Stardust, The Thin White Duke, se unen a su despedida, a bordo de una latita frágil, ahora que las estrellas lucen muy diferentes ya sin él. No será ceniza regresando a las cenizas (Ashes to ashes) sino polvo de estrellas que regresará a las mismas: el hombre que cayó a la Tierra, el Hombre Estrella, nuestro amadoo Spaceboy, ese Major Tom a quien no dejaremos de escuchar jamás. ¡Hasta siempre, querido Bowie!







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JULIO REVUELTAS. COMISARIO PANTERA. JULIE DOPPLER. SOTOMAYOR. NOCHE SALVAJE DE GARAGE. ALLISON + ELLI NOISE. NIÑOS HÉROES. TROPIKAL FOREVER. 


VIERNES 15


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Julio Revueltas



1. El virtuoso guitarrista mexicano Julio Revueltas, en Pasagüero (Motolinia 33, Centro). 21 horas, $100.





2. El dueto de covers atropicalados Tropikal Forever hará de las suyas con su bailongo kitsch. Caradura (Nuevo León 73, Condesa). 22 horas, $200. 


 
 


Sotomayor



3. Sotomayor, dúo mexicano de hermanos, de sonido electropical, ofrecerá sus canciones cálidas para contrarrestar el frío invernal. También: Alexandra Blakely. Imperial (Álvaro Obregón 293, Condesa). 22 horas, $100.





SÁBADO 16


Los Arsenics
1. ¡Hasta el Full! Fiesta de garage salvaje para batir dientes: Los Arsenics, Los Voodoo Childs, Los Selváticos, Bang Bang y Los Espectros. Foro-bar Dirty Sound (Chapultepec 60, Juárez). Chicas no pagan de 21 a 22 horas. Después, todos $20. 


2. ¡Brindis por la Rebeldía! Tardeada rojilla con gran ritmo. Los Baby Dolls, The Sonoras, Los Ruido, Los Medecina, Shangai Combo, Los Kaijú. Pulquería El Sol sale para Todos (Tlalpan dirección Tasqueña, a dos cuadras del Metro San Antonio Abad, frente al paso a desnivel). 15 horas, entrada libre. 


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Allison


3. El post-emo distorsionado pero enamoradoo de Allison, Elli Noise y Amsterdam. Multiforo Alicia (Cuauhtémoc 91-A, Roma). 20 horas, $150.



4. Rock sin etiquetas con los Niños Héroes, Balam y 656. Caradura (Nuevo León 73, Condesa). 21 horas, entrada libre. 


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Julie Doppler






5. El indie-pop bonito de Julie Doppler y Las Tempestades. Pasagüero (Motolinia 33, Centro). 22 horas, $130.











DOMINGO 17

Comisario Pantera
Comisario Pantera ahora como trío promueve nuevas canciones, nuevo sonido. Pasagüero (Motolinia 33, Centro). Tardeada coqueta para todas las edades. 16 horas, $250.